Palabras normales, para gente normal.

jueves, 3 de abril de 2008

En un vasito lleno de nada

El maldito gigante me tiene enfrascado en un vaso de vidrio. A veces le dan ganas de reir y tapa el vaso sólo para mirar como me desmayo por la falta de oxígeno. Otras veces, llena de agua el vasito para ver como me ahogo.

sábado, 22 de marzo de 2008

Otoño

Mientras caminaba, se caían las hojas de los árboles.
Siempre relacionamos esta nublada estación con cosas deprimentes, como si los problemas, las penas e incluso el pasado, cayera desde los árboles.
Este año, el otoño estaba ansioso por dejar caer las hojas y no esperó unos días como es de costumbre, a penas el verano se marchó, sopló y sopló para que todo se fuera directo al suelo.
Cuando sientes que encajas en un lugar, no es justo ver las hojas cafés desplomarse. Cuando haces lo que realmente amas con personas que quieres y que te apoyan incondicionalmente, no es justo ver árboles desnudos. Cuando se quiere, no es justo pisar hojas secas y sin vida.

Está nublado, los árboles se despojan de lo viejo y yo no paro de llorar.


Dedicada para unas personitas muy especiales.

domingo, 9 de marzo de 2008

Peor que la cocaína

Ya, sí sé, soy un adicto al pasado. Sí, jalo todos los días un poco de memoria y comienzo a volarme con lo que fue, no fue y podría a ver sido. Pero ese día no lo hice -estoy en rehabilitación-, así que salí listo para disfrutar del día y apareciste en un auto afuera de mi casa, no necesité fumar o inyectarme, los recuerdos que estaban en mi sangre comenzaron a hacer efecto. Me quedé helado pensando en que me pasaste a buscar para ir a conversar de lo que ocurrió entre nosotros, de lo que ha acontecido en nuestras vidas y que me propondrías estar contigo el tiempo que nos queda. Pero la realidad es que no me viste y este encuentro no duró más de veinte segundos.
¡Eres mi peor y más maldita droga! ahora mientras escribo vuelvo a pensar en ti y vuelves a hacer efecto... aquí vamos:
Shakira dijo que aprendió a querer a los gatos, ¡qué estupidez!, pero yo soy más ridículo, aprendí a amar los anagramas, cada vez que veo que alguien escribe distintas frases hacia abajo, me sonrojo y pienso que alguien está viviendo un amor tan secreto como el que mantuvimos nosotros. Anagrama, te pregunté qué era eso, pero no importó su significado, ni el campo semántico, sólo importó su contenido y que lo escribieras para mí.
Cada segundo que vivimos, renace cuando tan sólo te nombran y entro en un estado de éxtasis.

Tus últimas palabras:
Eras todo para mí.
Amarte era parte de un dilema, pero no me importó.
Me hacías sentir comprendido.
Oh, necesito alejarme de las drogas peligrosas como tú.

domingo, 24 de febrero de 2008

La tarde y su maldita moda

Todo te queda bien, da igual el color, el tamaño o el estilo de lo que te pongas, siempre te ves divina. Pero, ¿por qué te tenías que vestir de tristeza?. Con tu vestidito amargaste esta tarde, opacaste a todos con tu traje de ingratitud, con tus zapatos de culpabilidad y tus joyas de la más fina depresión. Todos tuvimos que correr -obligados- a vestirnos como tú. Tu perfume con olor a soledad quedó impregnado en mi casa. La proxima vez que toques a mi puerta y vengas vestida así, te saco a patadas, porque en mi casa nadie se volverá a vestir como tú nunca más.

sábado, 16 de febrero de 2008

Dedicada

Me levanté, prendí la radio y sonó una canción que hablaba de amor, me aprendí su nombre y su letra. Más tarde, leí en internet unas dulces palabras y las memoricé. Y cuando te ví, te lancé la carta con las románticas palabras que "describían nuestro romance" y te dediqué la pegajosa cancioncita. Qué fácil es amar.

miércoles, 23 de enero de 2008

Tras las cortinas

Creo que todos alguna vez nos hemos sentido observados, en la calle, en un restaurante o cuando vamos a algún lugar público. ¿Pero se han sentido observados en su propio cuarto? Tal vez suene paranoico, pero así me siento yo. No es que tenga algún complejo de divo, pero creo que alguien me examina detenidamente, ve cada movimiento que hago en mi cuarto, cada baile, cada vez que canto o actúo, es tan extraño.

Cuando la ventana y las cortinas están abiertas, de seguro miran. No creo que miren porque sea alguien interesante, pero creo que todos queremos saber qué hace el de al lado, qué oculta cuando cree que nadie lo ve. Entonces corro rápido a cerrar las cortinas. Pero a veces no basta, tengo que cerrar el clóset, porque se qué de ahí también miran. Qué tonto, quién estaría en mi armario, si con suerte cabe alguien, pero de todas formas, lo cierro.


Hay días en que quiero que alguien me vea, entonces abro las cortinas y hago lo que se me antoje, o bien, me paro en la ventana y canto y juego con las cortinas. No sé si alguien ve o no mis espectáculos, pero lo que sí es cierto, es que me encanta sentir que alguien disfruta de mi loca paranoia.

lunes, 21 de enero de 2008

Esperando una llamada

Ese día era particular. Ese día, la noche fue tibia. No sé si el invierno por fin se había apiadado de los santiaguinos o si una extraña ráfaga de recuerdos había calentado mi memoria y mi corazón.

Aún estaba sentado sobre la cama, después de haber apagado la luz. No podía pegar mis ojos. No podía acostarme. Pero justo cuando caía rendido ante el sueño, que por fin había llegado, sonó el teléfono. Una voz me dio una dirección que contenía recuerdos, pero que eran opacados por la noticia. Tomé mi abrigo y salí.

Cuando llegué a aquella dirección, me dirigí hacia su habitación, me paré en el umbral y los vi. Uno de ellos se acercó a abrazarme con tanta fuerza, sólo como él lo hacía.

Esa noche no había rencores, los años los habían desvanecido; no había risa, como era de costumbre. Sólo cerramos los ojos y esperamos a que el torbellino de sensaciones, emociones y recuerdos nos llevara lejos, nos lanzara tan fuerte como pudiese, pero que nunca cayéramos a tierra. Pero no todo es como queremos. Abandonamos el cuarto y nos fuimos a sentar a la estufa, que era lo único cálido existente en la ahora fría noche de invierno. Bebimos café, miramos nuestras cambiadas caras y nos despedimos para esperar en nuestras casas una nueva llamada.

viernes, 11 de enero de 2008

Se venía venir

Hoy, fue un día distinto. Al salir de la estación del metro, el viento me gritó muy fuerte al oído que algo sería diferente, pero no le entendí qué. Al salir del lugar donde estuve, el calor se tornó frío. El frío tocó mi espalda y se posó sobre mi cara y me gritó que algo raro pasaba hoy, pero no le entendí qué. En mi casa, al asomarme a la ventana, vi las estrellas y me hablaron en clave M.O.R.S.E, pero no entendí qué querían decir, sólo pude deducir que algo extraño pasó hoy. Ahora el silencio me hace un escándalo porque no entiende que no haya sido capaz de prever algo que era obvio.

¡Cállense, ojos maricones!

Miradas. Son sólo miradas. ¡Mentira!. Son más que eso.

¿Por qué no somos capaces de mirar a la cara cuando mentimos? Para mí es lo mismo, decir una verdad o una mentira, tus ojos deberían estar fijos, pero no, tienden a mirar hacia el suelo, apuntando al sucio suelo, gritando: "¡Él miente! ¿ves la suciedad del piso? así de asquerosas son sus palabras". ¡Qué tienen que ver los ojos con las palabras! Deberían no conjugarse nunca. Para eso está la boca, la lengua, el paladar y las cuerdas vocales, para las frases y los sonidos. ¿Por qué al mentir no se cierra la boca o tus cuerdas no vibran? Malditos ojos.

No puedo mirar tranquilo, porque aunque no diga una puta palabra, la gente sabe que es lo que quiero decir. Si te miro, entiendes perfectamente que te quiero. Si te miro, entiendes de inmediato que te deseo en mi cama. Si miro, sabes inmediatamente que es lo que quiero. Pero a veces mis malditos ojos son mal interpretados. Si miro a una mujer, ella me da una mala mirada, porque creyó que tenía otras intenciones. Si miro a un hombre, me golpea porque cree que soy gay.

¿Para que mierda existe la boca entonces? Si miro, saben lo que quiero, aunque sea mi secreto mejor guardado. Si miro, no me entienden. Sólo con mirar, sin un gesto facial o un sonido, sólo con mis ojos.